"Cuando voy a dormir cierro los ojos y sueño con el color de un país florecido para mí." Canción del jardinero, María Elena Walsh
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viernes, 17 de julio de 2009

Cuarto de Prosa - Acefalía



Todo comenzó cuando el cetro de Reina cayó sin misericordia sobre la cabeza del pobre peón negro.
_Se atrevió a pararse junto a mí! -Fue la única excusa.
Alfil la miró por encima de los anteojos.
_Suele ser su tarea-dijo con ironía-
_Molestar? Muy poco inteligente de su parte.
_Es sólo un peón...
_Con más razón, entonces. Se supone que son los primeros en dejar la batalla.
_Pero cumpliendo las reglas de juego, su Majestad...
_Este es mi reino y yo hago lo que me venga en gana!

Alfil suspiró e hizo silencio. Demasiado acostumbrado estaba a esos devaneos. Antes, cuando Rey podía moverse, el tablero era muy distinto. Pero desde que avanzaba de a una casilla, las cosas habían cambiado tanto.... Para colmo, últimamente se lo veía bastante asustadizo.

Torre uno llegó perdiendo ladrillos.
_Alfil! Esto está tomando tintes de catástrofe!
_Novedades?
_Las peores! Lo que pude ver desde arriba, Caballos han corroborado! Recién vuelven del campo enemigo, por suerte pudieron escapar. Las negras están reorganizándose!! El accionar, nuevamente errado de su Majestad, enardeció a las tropas enemigas. Además de querer ganar, ahora buscan justicia! Y venganza...

Alfil no perdió la compostura. Jamás lo hacía. En ese reino acéfalo, alguien debía tener aplomo. Su compañero habría sido de mucha ayuda pero aumentaba la cifra injustificable de muertos en acción. Admitió que Torre estaba en lo cierto. De cualquier forma, otra partida perdida tampoco era una derrota total. Se elevó cuan alto era, y con el respeto que infundía trató de contener a sus desesperadas huestes. Reina, fastidiosa y sin signos visibles de culpa, le dio la espalda. No lo asombró.
A lo lejos, los peones negros formaban el primer frente. Relucían. Los veía y la sangre guerrera se le coagulaba de envidia. Qué fuerza, qué garra, eso era coraje, sí señor!

Su ejército estaba desorientado, sin nadie al mando, no hacía más que replegarse; él era sólo un estratega, poco podía hacer sin apoyo, pero soldado de raza, se adentró en el campo y atacó.

Duró poco. Caballo negro uno salió desde atrás. No hubo escapatoria.


_Estoy rodeado de caprichosos, timoratos e incompetentes! –Gritó cayendo a los pies de Rey, que lo miraba horrorizado, mientras buscaba una casilla libre. Le dio pena ese viejo, pero más, vergüenza, correría su misma suerte y quizá se lo merecía. Qué reino de juguete...

“Jaque mate!”.

Fin del juego.
®


Jeve

1 comentario:

  1. Muy buen relato,bien escrito,atrapante.Ana

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Despensa

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Cuarto de Regalos

Para Jeve y Ruma

Para ti, que escribres...

Broten las palabras de tu espíritu al papel

y dejen huella

de tal modo que permanezcan vivas, eternas en la roca testimonio de tu luz

y fuego en la luz de las estrellas.

Rodolfo Piay
http://visionesdeojosabiertos.blogspot.com/
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