"Cuando voy a dormir cierro los ojos y sueño con el color de un país florecido para mí." Canción del jardinero, María Elena Walsh
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lunes, 7 de febrero de 2011

Cuarto de Prosa -La cama del Rey

Su Majestad lo tenía todo. O era lo que suponían en el reino. Era un rey de insospechada espiritualidad. Para sentirse feliz le bastaba, por ejemplo, despertar al amanecer y disfrutar de las vistas le regalaba la naturaleza. Por eso tanto se sorprendieron al escuchar que Su Majestad se haría a la mar. Y es que el Rey, cierto día al despertar miró por la ventana de sus aposentos, como usualmente hacía. Lo entristeció el paisaje de siempre (jamás había viajado a otro lugar)
Decidió salir en La Alborada (barco al que los marineros llamaban en secreto “la maldita”, pues su mascarón de proa se les antojaba creado por el demonio), un 4 de junio.

Después de navegar durante meses llegaron a tierras desconocidas (A América; esto no figura en los libros de historia, nadie creería en la llegada de los Gigantes de Erdusia, pueblo del que sólo se sospecha su existencia) El Rey sonrió, una tierra a estrenar. Pero ese no era el sitio soñado. Ordenó adentrarse hasta las montañas que aparecían donde se escondía el sol –lejos-. Más meses de travesía por tierra, dejando a La Alborada fondeada para siempre en aguas abiertas, anclada a los acantilados (la fuerza que debió ejercer el barco queriendo alejarse de la costa quizá haya formado la península)
No fueron pocos los sinsabores que debió lamentar Su Majestad y tripulación devenida en sirvientes montaraces.
El paisaje elegido –inimaginable- se descubrió sin caprichos, esperando ser habitado.














Los árboles se abrieron mostrándole el camino, los pájaros cantaron a su paso, esa tierra no vista antes por mortal alguno le dio la bienvenida. Su Majestad estaba satisfecho.

 Erigieron el castillo en la cima del cerro.
                                           












Las torres de entrada podían verse desde bien lejos aunque nadie hubiera para apreciar tamaña belleza.













Así pasaron buenos años, hasta que Su Majestad sintió añoranza en ese paraíso. En Erdusia había quedado su gente amada, el suelo natal. Se culpó por haber sido tan egoísta. Sus lágrimas formaron un lago, enfermó de nostalgia. El general (antes contramaestre) fue terminante: pasado tanto tiempo, La Alborada, olvidada en el golfo –si es que aún seguía allí-, no podría emprender un viaje de regreso seguro.
Su Majestad, ya débil, dio una última orden: levantarían una cama que mirara hacia el mar, que estuviera en línea con Erdusia, él podría recostarse en paz y soñar que regresaba a la tierra gigantesca de la que nunca debió salir. Otra vez los marineros le dieron forma a la piedra, pero tardaron demasiado –también débiles y viejos-, el Rey al acostarse no volvió a despertar.
No se sabe qué sucedió con la tripulación, quizá algunos hayan vuelto hacia el barco y otros quedado en el valle. Hay quienes se dicen sus descendientes y cuentan esta historia.
Poco quedó de la edificación. Quien haga el camino del Paso de Córdoba verá sin inconvenientes las ruinas del castillo y las torres de entrada, pero la cama del Rey es sólo para ojos entrenados en descubrir maravillas, como los de Su Majestad.®


Jeve


Fotografía: Jeve y Ruma. 

9 comentarios:

  1. Jeve y Ruma, anduve de recorrida por el blog para ponerme al día después de mi ausencia en enero. Buena producción en prosa, me encantó Los amantes, es muy tierna y una apuesta al amor, sea como sea.
    También me gusta La cama del Rey que imagino abarca alguna leyenda local dadas las fotografías. Es muy interesante recuperar esas historias; cuantas más voces, menos olvido.
    La historia intimista de la casada y su modo de percibir las flores -no retuve el título-, me pareció muy realista, cruda, muy bien lograda la atmósfera opresiva en el relato. La narración en primera cumple su objetivo.
    Chicos, enero ha dado muy buenos frutos. Un abrazo a los dos.
    Un abrazo a los dos.

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  2. el tiempo, la memoria, recuperados en este relato que, más allá de su veracidad, nos invita a sentir e imaginar... un gusto amigos. mi saludo.

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  3. He sabido andar por esos parajes tan extraños que el rey fundó.
    Lo hice de joven y despues ya maduro.
    Siempre me han cusado la misma impresión: me ha deslumbrado más su escala que su belleza.

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  4. Gracias amigos por tan nostalgioso recuerdo, desde 2001 que no recorro los verdes y pedregosos senderos del camino del paso de Córdoba, si recuerdo haberme recostado oportunamente en la cama del Rey(a instancias en que el guia de turismo se distrajo con sendas turistas zuecas.
    Doy fe, desde esa linea imaginaria en que se ubica la cama puede tocarse visualmente la orilla de Erdusia y haciendo un esfuerzo pueden verse las amarillentas paginas de borroso tinte de donde saliera a la mar nuestro intrépido monarca.

    besosyabrazos

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  5. Buenísimo, Jeve. Me encantó la historia del rey este. Es la historia de muchos insatisfechos que se van de su ciudad y después la añoran. Muy bien escrito, y muy lindas las imágenes, realmente.

    Abrazo

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  6. chicos, gracias por seguir mi blog, ahora yo los sigo a uds y somos como el perro que se corre la cola

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  7. Hola, gente, estoy visitando espacios que suelo ver en los blogs de amigos, el tuyo aparece en varios de ellos. Me pareció muy bueno, así que voy a quedarme por aquí como seguidor.
    Si tienes ganas, te invitó a pasar por el mío.
    Un saludo desde Bs As.
    Humberto.

    www.humbertodib.blogspot.com

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  8. Difícil ser rey y ser viajero y tener que aceptar que al irse, a veces no se puede regresar. Entiendo que se haya enamorado de ese paraíso sin embargo.
    Bello cuento.
    Beso.

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  9. QUE BUEN TEXTO, NO PODIA ESPERAR MENOS DE DOS CABEZAS TAN BRILLANTES,BSINES Y ABRAZOTES, DE CLAU

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Despensa

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Cuarto de Regalos

Para Jeve y Ruma

Para ti, que escribres...

Broten las palabras de tu espíritu al papel

y dejen huella

de tal modo que permanezcan vivas, eternas en la roca testimonio de tu luz

y fuego en la luz de las estrellas.

Rodolfo Piay
http://visionesdeojosabiertos.blogspot.com/
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