"Cuando voy a dormir cierro los ojos y sueño con el color de un país florecido para mí." Canción del jardinero, María Elena Walsh
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martes, 23 de agosto de 2011

Cuarto de Prosa -El tercero


Salgo de la ducha con esa sensación tranquila de creer merecerla después de un día cruel en el trabajo –como todos-. Mientras me seco observo –siempre me baño con la puerta entreabierta, vieja manía- que ella ya se posicionó en la cama fingiendo dormir –finge muy mal-. Pretendo ser lo más sigiloso posible y despacio levanto la sábana. Otra vez él ahí, dueño de ese espacio. He llegado a odiarlo pero sé que no tengo derecho. Me acuesto y encogido como un feto recuerdo otros tiempos, donde él existía pero no molestaba, al contrario, a veces me despertaba suavemente y en la seguridad de la noche ella y yo habitábamos nuestro mundo de sublime placer. Si hoy quiero tocarla él enfurece. Bastaría con que estirara mi brazo buscando sentir la piel de quien me acompaña en lo que hoy es el desierto devenido en colchón, para que él se alerte y allí termine, de forma abrupta, el viaje romántico que nunca empezó. No hay aparato, por sofisticado que sea, capaz de medir la extensión de toda esta arena.
Este indeseable se ha convertido en famoso “tercero en discordia”. Una noche de insomnio lo miré fijo. Casi mostró los dientes, me dio tanta risa que lo toqué apenas, con un dedo; él se retrajo y gruñendo se resguardó detrás del cuerpo que domina.
Lo admito: la culpa es mía. ¡Pero no encuentro remedio a este padecer! Intenté mil soluciones y cada una fue un fracaso cabal. Quizá no haya intentado todo, eso también es verdad, pero estoy cansado. Otra noche en la que me rindo sin haber ofrecido batalla y dejo que el sueño –espero- me invada. Bendito sopor.
Estoy disfrutando de saberme casi en el limbo onírico cuando siento el golpe seco en mis costillas.
-¡Querés dejar de roncar! –dice el codo.
Porque el codo habla, esto no es una primicia, lo supe desde el primer día que lo escuché y giré para verla, pero ella estaba –como ahora- dormida de verdad; es él que con los años cobró vida propia.
En nuestro desierto el viento rutinario se llevó hasta las caricias que fueran regaladas y recibidas con la sagrada sonrisa del amor; este codo, este apéndice irresoluto, este guerrero en desgracia no es más que un nexo que separa. Lo mismo que mis ronquidos (y los de ella, pero no lo sabe, mi codo no quiere avergonzarla)
Qué puedo hacer que no sea resignarme a la costumbre. Todo lo bueno pasa, los años felices también y nosotros no somos la excepción. Supongo que roncar fue la mejor excusa que encontramos. Espero un nuevo sueño y empequeñezco un poco más.®


Jeve

10 comentarios:

  1. Es triste,pero es asì.

    La rutina todo lo destruye.

    Bien escrito.

    Un abrazo.

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  2. Ya saben que el lector es -¿neurótico?- un poquillo impaciente y va -a su manera- juntando piezas. Primero se pensó -este lector- en un recién nacido, luego en una mascota, un perrito, para al final caer en el bendito codo. Pero, entiendo que no sólo el protagonista ha de saberse en mala situación, internamente ella también lo estará (¿ven que somos neuróticos?). Digo yo.
    He venido a conocerles y a acompañarles. Vendré con más tiempo a leer entradas anteriores.
    Un abrazo.

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  3. Ay Jeve, que triste.

    No quisiera llegar a esos momentos.
    Muy buen relato, ese hombre me pareció tan real, que sera por ello que me dio pena de él.

    mariarosa

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  4. Poco a poco, la cotidianeidad anula la pasión. Es un trabajo muy fino, muy regular, sistematico.

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  5. No sé por qué no puedo escribir desde Piel de Lechuza, entonces, lo hago con mi nombre. Muy bueno el cuento, la tensión, el suspenso y un final inesperado. Muy loco y a la vez muy real. Cariños
    María Elena Garay

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  6. A pesar de los codazos, seguí leyendo. Buenísimo lo de ir a una entrada al azar.

    Beso para la dama, abrazo para el caballero.

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  7. (Debía este comentario)

    El tiempo y el espacio crecen juntos. Terminan separándonos, aún en la estrechez de una cama.

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  8. Bueno dió mucho que pensar durante la lectura......y creo que no todo está resuelto al final. Algo se interpone......¿hay deseo de apartarlo?

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  9. ¨no es más que un nexo que separa¨

    Hay relaciones condenadas al éxito.

    El oxímoron es de lujo. Es un recurso irónico, magnífico y enriquecedor.

    Con su venia, los sigo.

    Un abrazo

    SILVINA

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  10. Genial, Jeve. "No hay aparato, por sofisticado que sea, capaz de medir la extensión de toda esta arena" (qué figura más buena).
    Yo siempre me preguntaba por qué la gente dice "habla hasta por los codos"
    ¡Ahora lo entendí! Una elocuencia incomparable la del codazo...

    Un beso, disfruté este relato, che.

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Cuarto de Regalos

Para Jeve y Ruma

Para ti, que escribres...

Broten las palabras de tu espíritu al papel

y dejen huella

de tal modo que permanezcan vivas, eternas en la roca testimonio de tu luz

y fuego en la luz de las estrellas.

Rodolfo Piay
http://visionesdeojosabiertos.blogspot.com/
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