"Cuando voy a dormir cierro los ojos y sueño con el color de un país florecido para mí." Canción del jardinero, María Elena Walsh
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martes, 11 de octubre de 2011

Cuarto de Prosa - Surfer

El sol estaba a pleno, un calor intenso se había adueñado de la playa; Algunos bañistas buscaban refugio en las carpas, otros intentaban con pequeños chapuzones a orillas del mar.
         Descargó del BMW la tabla de surf. Guardó la remera y lentes en un bolso, lo introdujo en el baúl y cerró. Se acercó a la recepción del balneario Casuals y le dio las llaves al dueño, Charly Jills.
- Es un buen día para surfear.
- Así parece – contestó. Clavó la Thrust de 3 quillas en la arena y tomando un paño del mostrador, la limpió.
- Los muchachos ya están mar adentro, vinieron algo más temprano – dijo Charly mientras ordenaba papeles.      
Jills era un hombre que buscaba de mil modos conversar. Solía contar sus años de surfer,  la actual gordura no le permitiría hacer demasiado en el mar. Debió haber desafiado olas en épocas cuando no existía el poliuretano para las tablas. De esos años quedaba el bronceado permanente y un pelo rebelde (escaso a esta altura de la vida). Usaba remeras sin mangas con colores llamativos, alejado de cualquier elegancia.
         Se despidió de Charly chocando las manos y bajó hasta la arena. Amaba caminar entre los bañistas, sabía que todos lo miraban pasar, se sentía el centro del universo mientras iba rumbo al agua. Creía intuir que las mujeres lo veían irresistible, los hombres envidiaban eso. Al llegar a la orilla hizo una entrada en calor moviendo músculos de espalda, rotando cabeza, buscando aflojar pantorrillas. Elevó los brazos,  unió ambas manos y cerrando los ojos buscó un estado de concentración. Cuando sintió  el sol  acomodado a pleno en la cara, dejó de percibir el murmullo de los bañistas para permitir que el mar le musite suave al oído. Tomó la Thust. Ingresó al mar. Las piernas anduvieron con fuerza dando largas zancadas hasta que colocó la tabla frente a él y se lanzó para enfrentar las primeras olas y llegar donde estaban los otros surfers. Debía nadar así unos cuarenta metros para recién intentar el primer take off.
Alcanzó a ver la cabeza de los colegas, oyó algunos gritos de algarabía mientras disfrutaba del roce con que el agua bendecía la tabla. Si ponía atención podía oír como las quillas le abrían surcos al  mar. Aún estaba recostado sobre la Thrust cuando vio al “Australiano” y a Rolfi. Nick Rhodes, el “Australiano”, con físico trabajado en el gimnasio y cara de galán, lucía una imponente tabla multicolor de casi tres metros. Rolfi no era demasiado hábil pero su floater resultaba sorprendente, tenía la inteligencia de surfear sobre la espuma como muy pocos eran capaces, mostrándose cómodo en esa maniobra.
Antes de erguirse sobre la tabla saludó a Nick y Rolfi, cerrando el puño derecho y dejando libres pulgar y meñique. Oyó le gritaban algo pero ya estaba sintiendo el aire en el rostro. Con  los pies firmes sobre la Thrust vio a los otros surfistas buscando el take off. Giró la cabeza, desde esa posición la inmensa playa parecía pequeña. El mar armó una nueva ola que mostró la generosa pared invitándolo a montar. Movió la tabla presionando los talones, la elegancia destacaba en cada maniobra; pudo ver ese tubo abierto que formaba el agua mientras avanzaba. Sin dudarlo se encorvó, ingresó afirmando las quillas y levantando un poco la nariz  de la Thrust. Todos los músculos fueron cobrando tensión, trató de serenar la respiración, disfrutar del momento; debía mantener cierta velocidad constante. Tras su andar la ola iba cerrando el tubo con  espuma. Al frente la salida todavía se mostraba dispuesta. Los brazos ayudaron para mantener el equilibrio; inclinó los hombros a la derecha, los dedos sintieron el agua corriendo con fuerza. Apoyó firme la rodilla izquierda volcando todo su peso allí, supo que ese era el momento indicado para salir. Por un segundo imaginó las caras de admiración que lo esperaban. Viró la tabla y emergió perpendicular. El sol lo recibió, también lo aguardaba una extraña cercanía… La playa. Estaba ahí, a pocos metros, vacía.
Sorprendido e incrédulo nadó hasta la orilla para comprobar si era un engaño visual. Clavó la tabla en la arena y aún con la respiración agitada recorrió aquel lugar. El balneario estaba destruido y a juzgar por lo que se veía, parecía abandonado desde hacía muchos años. Apenas quedaban algunos postes de carpas y una desvencijada recepción. Caminó hasta allí, le pareció muy similar al sitio donde Charly lo recibía a diario. Un cartel mordido por el viento y el salitre le confirmó la sospecha. “Casuals”, decía.
No daba crédito a lo sucedido, buscando respuesta se alejó de la casilla, el viento intenso hacía volar arena. Miró al mar y vio al grupo de surfers. Corrió desesperado, sin dudas el agua lo había movido algunos metros arrastrándolo a otra playa. Con seguridad Charly debía haber armado otra “Casuals” en un sitio distinto, tal vez ya hacía muchos años. A la carrera tomó su Thrust. Nadó con toda la fuerza, levantó la cabeza, los surfers ya no estaban. Se irguió sobre la tabla y confirmó esas ausencias, sin embargo, la playa asomaba lejos y rebosante de gente. Suspiró; tal como lo había imaginado, todo era una confusión culpa de las corrientes marinas. No se subió a ninguna ola, calculó que mientras él nadaba mar adentro los colegas debían haber surfeado hasta la costa.
         Puso la nariz de la tabla hacia la playa y se dejó llevar por el agua. Cansado se relajó en el regreso pero abandonó esa actitud cuando su mano rozó una piedra. Levantó la cabeza; la playa vacía, desmantelada, lo recibió una vez más. 
Cayó de rodillas, hizo la tabla a un lado y gritó. Nadie respondió, su voz rebotó en algunos médanos y el viento se la devolvió con esa última “o” acentuada. Mar adentro veía a los surfistas, se sentó en la arena cruzando las piernas. Mordisqueó los dedos mayor e índice buscando una respuesta. La explicación debía estar en el tubo que había atravesado, de alguna manera ese pasaje podía haberlo arrojado a otro tiempo. Algunos surfers solía bromear con esa experiencia pero ninguno confirmaba haberla vivido. Él, en cambio, podía confirmarlo.
          Pensó cómo volver a la normalidad. Mientras lo hacía recorrió la playa abandonada, buscó el estacionamiento, estaba vacío, con el pavimento rajado, la arena y el musgo parecían abarcar todo. Era una imagen a la que no pensó asomarse. Entonces detuvo el andar, algo en él le acercó una posible solución: tendría que volver al mar y buscar la misma ola por la que había surfeado, ingresar una vez más al tubo y salir, esa era la forma de regresar. Era imposible distinguir una ola de otra, por eso se vería obligado a encarar una y cada una hasta dar con la correcta. No hizo caso al pensamiento que le decía que el mar nunca repite una ola, pueden ser parecidas pero jamás iguales.
Hasta el  día de hoy sigue enfrentando el oleaje, convencido de que si no es ésa, será alguna otra. Cuando el mar se cansa del juego lo devuelve a la arena, cuando el que se agota es él suele gritar en el gran silencio: “En la otra playa, mal nacido, en la otra playa dejame”. (R)

Ruma

9 comentarios:

  1. Si supieras cuantas conjeturas venía haciéndome conforme leía, un cuento que te introduce en la trama dejas de ser lector para transformarte en personajes, Maravilloso relato y te digo el cierre me mantiene aún conjeturando. Espero me pase pronto.

    Saludos cordiales, es lo mejor que he leído últimamente.

    Un fuerte abrazo a ambos.

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  2. Que buen cuento realmente; en primera media está genialmente llevado, uno siente muy natural un ambiente tan ajeno como el surf. Y luego nos sorprendes de manera magistral con ese súbito cambio de tiempo/
    Por último la tragedia, el protagonista queda atrapado en una dimensión que le es ajena y ni siquiera puede construir una existencia allí; se la pasa buscando la ola del regreso... Y mientras el tiempo se disuelve, distraído de todo asunto, incluso las dimensiones.

    Muchas gracias por compartir cosas tan motivantes, fuerte abrazo desde el frutillar.

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  3. Un cuento de antología que, sin agredir con datos "cuánticos" somete al lector a esa fenomenología que ha experimentado el protagonista, y en tanto lee, también está atrapado en esa playa buscando la ola que lo devuelva a la ¿realidad?
    Mil felicitaciones.
    Un abrazo.

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  4. Que bueno.

    Me recordò un capitulo de "Star Trek", donde pasaban por un agujero negro y volvìan al pasado.

    Y despuès buscaban el agujero otra vez, para volver al hoy.

    Buen relato.

    Un abrazo.

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  5. Parece que hay mucho conocimiento de la vida surfer.......
    Atrapado en un tiempo diferente....él que gozaba con las miradas de los otros.....ahora está solo.
    Muy bueno Ruma!

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  6. Muy magnifica historia. Impacta la presición de los detalles, y la idea de otra dimensión: muy buena.

    Aplausos.


    mariarosa

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  7. 'muy agradable al lector'
    eso es importantísimo.
    Gracias Julio Diaz-Escamilla por recomendar este sitio.
    Un abrazo uruguayo para ustedes

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  8. Peligrosos portales a otros universos. Dicen que algunos saben manejarlos. Este surfer tendrá que esperar

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  9. Me encantó el final. Creo que pocos personajes le han hablado así a un portal temporal.

    Muy bueno.

    Abrazo.

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Cuarto de Regalos

Para Jeve y Ruma

Para ti, que escribres...

Broten las palabras de tu espíritu al papel

y dejen huella

de tal modo que permanezcan vivas, eternas en la roca testimonio de tu luz

y fuego en la luz de las estrellas.

Rodolfo Piay
http://visionesdeojosabiertos.blogspot.com/
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