"Cuando voy a dormir cierro los ojos y sueño con el color de un país florecido para mí." Canción del jardinero, María Elena Walsh
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lunes, 6 de febrero de 2012

Cuarto de Prosa - Dux

Una de las primeras imágenes eróticas que recuerdo fue la de mi hermana pintándose las uñas. Lo hacía los sábados, a la hora de la siesta. Tomaba el pincel con dos dedos -los otros tres elevados con exageración- y lo pasaba lleno de esmalte sobre las uñas con una suavidad y seguridad que parecía -si son así de suaves y seguras- una princesa. Ahora no le veo nada de erótico a eso, pero en aquel entonces me hacía unas raras cosquillas mirar el pincel jugando sobre la uña indefensa. Esperaba los sábados a la hora de la siesta y me sentaba a su lado con cualquier excusa. Ella me dejaba, no creo que haya sabido de mi vicio dactilar. Un sábado de verano yo estaba mirando con éxtasis el pincel y apenas me di cuenta de que me habló. No sé si el pincel o mi hermana. ¿Querés que te pinte? Preguntó. Mi cabeza apenas fue de arriba abajo, estiré los brazos, palmas sobre la mesa. Nos van a matar a los dos dijo entre carcajadas (si me mataban junto con ella no me importaba nada, era mi ángel, mi diosa, la mujer más hermosa del mundo que con 16 años me llevaba nada más y nada menos que 10. Y aclaro esto porque con el tiempo nos fuimos llevando menos, hasta quedar casi parejos). Me había dado a elegir un color, elegí el “Rojo Dux”, no lo olvido porque, además del rojo furibundo, Dux me sonó a elegante, a varonil. Cuando terminó abrí bien los dedos y los moví en el aire, igual que tantas veces le había visto hacer. Después soplé las uñas una por una. Estaba chocho, para qué lo voy a negar, me miraba las manos girar como si tuvieran vida, seguridad y suavidad de princesa. El idilio entre las uñas pintadas de Rojo Dux y yo duró hasta que llegó mi padre.
Después de ese día varias veces pensé si el infarto que le dio al año siguiente  fue por el disgusto.
-¡¿Qué le hiciste?! –Los gritos fueron para la diosa, que frunció la boca con desdén.
-¡Marta! –Los gritos fueron para mamá, quien desde algún lugar respondió que no sabía de qué hablaba y que si había llegado con tal mal humor se fuera y volviera a entrar, como si con el simple acto de pisar nuevamente el umbral el humor se cambiara, pensé.
Los gritos no encontraron respuesta en nadie. Entonces fue mi turno.
-¡¿Vos no sabés que los hombres con las uñas pintadas son de maricón, sos maricón vos?! –dijo enlazando tres frases, porque mi padre era así de económico. Tenía la cara tan colorada que no miento si digo que por las venas le corría el esmalte.
Yo no sabía lo que era un “maricón”, pero, a juzgar por la desesperación de este hombre, debería ser una mezcla de horrores. Mi cabeza apenas fue de un lado al otro mientras mis ojos se metían dentro de los suyos y detrás de la bronca lo único que vieron fue miedo. Si yo hubiese sido maricón tampoco se lo habría dicho en ese momento, él estaba demasiado asustado.
La diosa sacó el esmalte pero me dejó pintada la uña del meñique derecho. Te ponés una Curita y listo, si te pregunta le decís que te cortaste. Después, cuando te canses, si yo no estoy te sacás el esmalte con los dientes.
-¿Le tengo que mentir a papá que me corté?
-¡Claro! –contestó sabedora como buena diosa y mejor consejera.
Esa noche no esperé y me saqué el esmalte con los dientes. Me dio asco. ¿Los maricones utilizarían quitaesmalte o se lo sacarían así, a dentelladas?

Por suerte, la visión paternal de los “maricones monstruosos” se fue diluyendo sin ningún inconveniente a medida que crecí y, como dije, con el tiempo, la brecha generacional entre mi hermana y yo. Sigue siendo mi diosa, pero de forma distinta. Ahora que tenemos la misma edad solemos disfrutar de las buenas charlas acompañadas con mate, mientras ella ceba yo escribo esto. Sos un mentiroso, me dice y ríe alcanzándome uno. Sus uñas largas están pintadas de rojo muy parecido al Dux. ®


Jeve

13 comentarios:

  1. Precioso relato, me has hecho reír y estuve presente en toda la escena, desde la descripción de la diosa hasta que termina.

    Tienes una forma de escribir bastante ameno, es como me gusta leer, creo que escribo como me gusta leer.

    ¡¡FELICITACIONES!!

    Ah, y bienvenidos.

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  2. Lindo y bien contado cuento o historia real. Los hermanos menores siempre queremos imitar a los mayores. ¿Será por eso que aprendí a cazar ranas, jugar a la pelota y decir malas palabras?

    Pobre tu padre, creo que hoy día se hubiera reído de la travesura.

    mariarosa

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  3. con las marcas generacionales de la cultura... con cierta ternura... hermoso relato amiga... un gusto volver por ellos. saludos.

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  4. Pero que texto hermoso; en ningún momento pierde la solvencia ni la cadencia. Sin dudas él que habla es un niño, y va desmenuzando la torpe pupila de sus mayores con la misma inocencia con que una mariposa persigue el aroma de las flores,,,

    Bellísimo de antología; un fuerte abrazo.

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  5. Mucho hacía que no pasaba y valió la pena, ¡está buenísimo, Jésica, te felicito!
    Esta parte te quedó preciosa: "Yo no sabía lo que era un “maricón”, pero, a juzgar por la desesperación de este hombre, debería ser una mezcla de horrores. Mi cabeza apenas fue de un lado al otro mientras mis ojos se metían dentro de los suyos y detrás de la bronca lo único que vieron fue miedo. Si yo hubiese sido maricón tampoco se lo habría dicho en ese momento, él estaba demasiado asustado."

    Un beso grande

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  6. "Tomaba el pincel con dos dedos -los otros tres elevados con exageración-" Impecable como imagen.

    Es cierto, hay sensualidad y erotismo en un pincel barnizando una uña, las mujeres son eróticas cuando se dedican a sí mismas.

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  7. Me divertí mucho. Creo que mi prima me pintó una uña para ver cómo me quedaba.
    Como me gustaba mi prima.

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  8. Me gustó todo, el lenguje tan coloquial me atrapó y no pude dejar de conocer el final, gracias.
    shosha

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  9. Buen relato. Un caso normal, dirìa yo.

    Y ciertamente, las hermana mayores suelen volverse menores que uno.

    Un abrazo.

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  10. Hay un realismo en los diálogos y en las conclusiones tan fresco, tan entretenido. Son como flashes guionados.

    Cuando las diosas se vuelven cotidianas y tangibles, significa que hemos crecido, verdad ;)

    Abrazo


    SIL

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  11. genial! jeve!

    coloquial, fluido,desmistificador, me gustó un montonazo
    detrás de lo erótico, de la travesura, de la hermandad conseguida en el hoy,hay un tratamiento profundo de la discriminación que ha ido variando por suerte de una generación a otra, y de las no maldades en actos de los padres, sino un tabú de la época. Hoy somos lo que somos y entre todos vivimos.
    cariños

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  12. Pasé a dejar una flor silvestre sobre la tapia baja, a mirar el jardín (que sigue perfumando el alma de los viandantes....) y a mirar el cielo desde la puerta de vuestra casa...

    me voy impregnada de nubes algodonosas y suaves... y con una sonrisa made in Quilmes, un enero de hace mucho tiempo atrás....

    Cromis

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Cuarto de Regalos

Para Jeve y Ruma

Para ti, que escribres...

Broten las palabras de tu espíritu al papel

y dejen huella

de tal modo que permanezcan vivas, eternas en la roca testimonio de tu luz

y fuego en la luz de las estrellas.

Rodolfo Piay
http://visionesdeojosabiertos.blogspot.com/
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