"Cuando voy a dormir cierro los ojos y sueño con el color de un país florecido para mí." Canción del jardinero, María Elena Walsh
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martes, 9 de noviembre de 2010

Cuarto con ventana al mar... -El traslador



Ayer recibimos una carta cuyo nombre y dirección desconocemos pero está destinada a nosotros. ¿Por qué la hemos recibido? Cualquier respuesta nos parece un vago intento de verdad, no nos convence. Es por esto que transcribimos aquí los párrafos que vemos más interesantes, quizá a alguien de ustedes le parezca familiar la historia. De ser así, por favor, contáctenos.

“... Había soñado con mi madre, muerta cuatro años atrás. Estábamos juntas, riendo y compartiendo la elaboración de unas galletitas. Yo tendría unos seis años, ella lucía alegre y vital como siempre.
No entiendo la razón que me motivó a salir en su búsqueda esa mañana, demás está decir: sabía que no la encontraría.
Sin rumbo concreto, caminé hasta perderme. De pronto, me encontré frente a un edificio enorme, de construcción moderna, sus paredes estaban revestidas en   madera color caoba, en el hall de entrada las puertas de los elevadores se destacaban por su brillo acerado en medio de tanta madera; había mucha gente.  Si bien estaba desconcertada, no me sentí en un lugar extraño, aunque estoy segura de no haber estado allí antes.
-¡Hola! ¿Cómo estás? Hacía mucho tiempo que no te veía...
La voz me sonó familiar, era mi vecina, Edelmira. Parecía muy joven, como si todavía estuviéramos en mi infancia.
Sin esperar contestación, dijo:
-Estás buscando a tu mamá, vení, yo te voy a acompañar.

Una de las puertas de estos ascensores se abrió; nada tenía que ver con la modernidad del resto, era un elevador absolutamente viejo, de los construidos con rejas –quizá un montacargas-; un espejo en la pared enfrentada a la puerta;   botones negros incrustados en la chapa, ubicados junto al ingreso, sin números sino flechas que apuntaban a todas las direcciones posibles. Edelmira cerró la puerta, a mi espalda el espejo tembló delicadamente, no quise girar por miedo a descubrir una imagen distinta a la mía, sí alcancé a observar cuatro enormes ruedas dentadas tras el enrejado, que se movían con esfuerzo, como si llevaran años sin hacerlo. El olor a aceite quemado por la fricción de las mismas inundó la cabina. Comenzamos a descender. La luz se fue diluyendo hasta quedar en una oscuridad total. Sentí terror, pero la voz dulce de Edelmira me serenaba, hablaba sobre algo que no puedo recordar. Todo allí era extraño. En algún momento, una luz de color verde apareció desde la parte superior del ascensor, era muy débil pero pude observar los objetos a los que estaba dirigida. Eran mis juguetes... Todos estos objetos levitaban a la altura de mi rostro. Quise tocarlos pero no me atreví. Edelmira no los veía, o eso supuse, ella continuaba hablando, yo advertía su silueta dibujada por el pequeño haz luminoso.
Una de las flechas se iluminó en rojo, señalaba la izquierda. En esa dirección la caja de rejas comenzó a trasladarse. Se abrió una entrada lateral que hasta el momento no había observado, por allí ingresaron dos ancianos, la mujer me miró y con una leve sonrisa dijo al hombre:
- Nueva?
- Así parece – dijo él. Luego giró y dirigiéndose al vacío continuó – ¿Un paseo para conocer el lugar?
 Desde las puertas del traslador pude ver el exterior. Pasamos ante un amplio jardín y nos detuvimos justo frente a la casa donde nací hace más de cuarenta años. Todas las imágenes se entrelazaban como en una película que cambiaba de color a blanco y negro, a veces agilizaba su velocidad y en otras, de tanta lentitud parecía salirse del carretel.
Los engranajes chirriaron buscando estabilidad. No sé dónde ni cuándo los ancianos abandonaron el traslador, sólo escuché a Edelmira decir “estamos llegando”.
Me tomó de la mano, no entendí por qué, pero tampoco rechacé su gesto, me daba mucha tranquilidad.
Cuando el artefacto se detuvo y abrió la puerta, era el mismo lugar en el que había subido. La gente, las paredes de madera caoba, la suntuosidad del hall...
Edelmira se agachó hasta mi oído y con un “salgamos”, me invitó a caminar hacia fuera.
_Allí está –señaló dándome una mimosa caricia en el hombro.
La vi de espaldas, reconocería en cualquier lugar esa blusa roja. Con una excitación desesperada, pasé mis manos por las tablas del guardapolvo blanco y grité.
Mi madre giró y extendió sus brazos para recibirme.

Recuerdo volver juntas hasta el hall, esperar ese montacargas, trasladarnos por distintas etapas de mi infancia. Pero algo sucede: un corte, un cambio en el tiempo, algo que no puedo clarificar. Lo siguiente, yo, ya adulta, descendiendo de una caja automática y moderna que nada tiene en común con la anterior, corriendo hasta los guardias y preguntar si allí existe un “traslador” o algo que se le asemeje. Sé también que ellos creen que no estoy en mi sano juicio, mis manos se mueven con aspaviento tratando de explicar.
-Ah, sí, hay un traslador, pero es solamente para uso del personal –dice uno de los guardias, y rompe en carcajadas mirando a la otra para que festeje su broma.
Ella sonríe, pero sus ojos están demasiado serios. Creo encontrar un asombroso parecido con otra pareja que acabo de ver,  no puedo precisar dónde, percibo una diferencia en las edades entre la pareja que vi y ésta.
Cuando estoy por salir, escucho la voz de Edelmira:
-¡Hola! Cómo estás...?
La historia comienza una y otra vez, una y otra vez. Edelmira, el ascensor que se traslada hacia la izquierda, los juguetes levitando, los ancianos, mi madre, los guardias...
No sé ni en qué momento estoy escribiendo esto.®



Jeve y Ruma

11 comentarios:

  1. Me gusta hacer dos lecturas antes de comentar, y aparte de que me atrapò porque la historia tiene magia y un halo de misterio que la recorre de principio a fin, me sugiere que el personaje principal està muerto, al igual que su mamà.. Serà?
    Un abrazo, Jeve. Inquietante relato!!

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  2. Parece un momento cìclico.

    Como sis e hubiera atrapado la vida de alguien en una paradoja temporal.

    Bien relatado.

    un abrazo.

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  3. Es espléndido como se conjugan en el relato y a la vez se complementan, el sueño dulce del reencuentro con la infancia y su ausente madre, y por otro lado, la pesadilla de no saber exactamente dónde se encuentra el personaje, las nociones de tiempo y lugar se difuminan.
    Si os digo que este relato me ha parecido realmente una joya, me quedaría corta. De él mana una originalidad, misterio, excelente prosa y mucho, mucho sentimiento.
    Mi absoluta admiración.
    Abrazos.

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  4. Maravilloso cuento.

    No, si cuando ustedes se juntan a escribir salen chispas. Un relato que me deja pensando en la protagonista, creo que está muerta y no lo ha reconocido, el viaje es un círculo que termina y vuelve a comenzar, hasta que ella reaccione y comprenda su situación.
    Me gustó. Felicitaciones.

    mariarosa

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  5. Buenísimo, Jesica. Un gusto de lectura. Hay algo en este tipo de cuento que atrae, debe ser que el lector tiene muchas ganas de contactar el más allá, de saber cómo es y de poder tener un adelanto, tomar un atajito para saludar a alguien, tener una muestra de que existe la vida posterior, ¿verdad? Somos muy curiosos a este respecto, y como no hay ciencia que pueda probar por sí o por no, queda la imaginación. En un momento me dio miedo de que ese ascensor bajara hasta sentir olor a azufre, jaja.
    Saludos y muy buen cuento

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  6. he quedado tratando de resolver la historia. La infancia, la gente de ese tiempo y ese volver a comenzar. No se porque lo asocie con "La continuidad de los parques" de Cortazar.No es que se parexca, tal vez sea el estilo, me pareció muy bueno.

    Alejandro

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  7. Vine a visitrte y me quede leyendo... uff limpia la prosa, clara con descricpiones fieles y elegantes. un abrazo Rub

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  8. ¿Por qué un moderno edificio con sus paredes revestidas de caoba? Los edificios modernos nos privan de la madera, siempre noble.
    La historia, como siempre, interesantísima. Yo no creo que ella esté muerta a no ser que, como en Las Intermitencias de la Muerte (Saramago), "muerte" remita cartas al mundo de los vivos.
    Es que los vivos a veces estamos muertos, o prendidos por nuestras ensoñaciones.
    En todo caso, para variar, mis felicitaciones. Me encanta este espacio.

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  9. Genial!,como en un mundo onírico o tal vez metafísico una realidad virtual parece llegar desde un mundo paralelo,lleno de simbolos, desde una geografía en otro plano trasmitiendo la angustia del personaje y su confusión metiendonos de prepo en una trama inusitada y tan angustiante como una pesadilla de la que nunca se logra despertar. geniaaal! los felicito!

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  10. La historia tiene varios niveles de lectura: primero, donde los narradores, Jeve y Ruma u otros no necesariamente ellos, plantean que han recibido la carta y apelan a los lectores; un segundo nivel es el de la carta misma, que en realidad es un extracto de lo más importante.
    Es un texto excelente qué deja un ramillete de interrogantes.

    Saludos.

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  11. Ustedes dos siempre me dejan rumiando con los cuentos que escriben.
    El ciclo que se reitera eternamente me refiere a algunos planteos de Borges. Cuantos ciclos reiniciamos todos los días y durante toda la vida, sin darnos cuenta.

    El traslador me encantó. Me recuerda el famoso gabinete de herramientas del Dr. Who, que le permitía viajar en ele tiempo y el espacio.

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Despensa

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Cuarto de Regalos

Para Jeve y Ruma

Para ti, que escribres...

Broten las palabras de tu espíritu al papel

y dejen huella

de tal modo que permanezcan vivas, eternas en la roca testimonio de tu luz

y fuego en la luz de las estrellas.

Rodolfo Piay
http://visionesdeojosabiertos.blogspot.com/
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