"Cuando voy a dormir cierro los ojos y sueño con el color de un país florecido para mí." Canción del jardinero, María Elena Walsh
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lunes, 18 de abril de 2011

Historias del reloj -Recuerdo de las 05:33

Sir John Locke compró –igual que a mí- su título, pero en tiempos distintos. Lo oí alguna vez confesar que tenerme había sido un sueño desde la adolescencia. Siempre desconfié un poco de estas palabras, que utilizaba las mismas para mujeres, autos y hasta trajes.
Según contaba, tuvo una niñez de miseria y nada habría cambiado si a los diecinueve años la fábrica de bicicletas donde trabajaba no lo hubiera cesanteado. Desesperado, aceptó el trabajo de corredor de ventas para la firma de caramelos Kinnerton Confectionary Company Ltd. Se inició recorriendo comercios en Liverpool. Los resultados fueron buenos, en pocos meses toda la ciudad consumía sólo golosinas Kinnerton. Lo ascendieron prontamente a jefe de ventas en Londres y no necesitó demasiado para ser supervisor general de toda la isla.
En su segundo viaje por Gran Bretaña fue cuando me adquirió. Al momento de quedar a solas fue cuando comprendí cuán importante era en su vida. Al regreso de cada viaje, mientras bebía sus sagrados tragos de brandy me contaba anécdotas, pormenores, problemas que solucionaba con sagacidad. Me consideraba su fiel compañero, podía cambiar de traje, camisa, zapatos, autos, mujeres, pero siempre volvía a mí.
Entonces ocurrió aquello en Birmingham. El muchacho joven le ofreció  planos de máquinas que serían capaces de fabricar diez veces más caramelos por hora, mejorar la calidad y el precio. John volvió a Liverpool y pidió una entrevista con el dueño de Kinnerton. Fueron días de reuniones. El problema era juntar el dinero necesario para construirlas e instalarlas. Locke llevó una propuesta brillante: vendería las viejas máquinas de caramelo a Sudamérica, con ese efectivo podrían realizar toda la modernización de la empresa. No le costó demasiado efectuar el negocio.
Mientras se montaba la nueva empresa Locke recorrió Europa llevando la idea de vender las golosinas Kinnerton no sólo en Inglaterra sino en el resto del continente. Es verdad que hubo momentos de dudas. Algunos sudamericanos, entusiasmados con la posibilidad de competir usando la tecnología vendida por Kinnerton intentaron también hacer negocios en Europa, pero Locke, por suerte, se les adelantó.  
¿Cuándo fue que nos separamos? El presidente de Kinnerton le presentó a un asesor del rey; un puñado de libras allanó el camino para el título de Sir.  Aún recuerdo el momento de aquella foto: la sonrisa de John y yo, detrás,  dando la hora exacta.
La nueva vida de Sir llevó a Locke a un nivel superior. Recibió varias ofertas por mí y renunció a todas pero cuando la cifra subió a seis dígitos cambié de manos. Preferí no saber más de él, la vida tenía otros rumbos para mí y yo cuerda para varias vueltas más.®


Jeve y Ruma

13 comentarios:

  1. Divertido relato, nunca se sabe qué tienen para contar los objetos, sobre todo cuando tienen sus años. Muy ingenioso.
    Les dejo un abrazo a ambos.

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  2. Che, ¡qué buena que está esta letra!

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  3. guillermo grimaldi19 de abril de 2011, 19:08

    Hola.Distinguido como todo.

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  4. Guillermo Grimaldi20 de abril de 2011, 11:38

    Ya me lo había anticipado Henrique Hudson ( que pasó por casa a ofrecerce de inspirador ), ya que el mio, el que siempre tuve, Florentino, murió de envidia al leer una poesía de Alaíde Foppa.
    "Usted tendría un éxito seguro, si escribe lo que le cuento...."
    Lástima no haberla dado bola....

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  5. Lo siento curioseé.
    Comencé a leer el relato y llegué a pensar que era una historial real. Continué observando y descubrí que sois dos, una chica y un chico los que escribís y lo hacéis muy bien.

    un saludo

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  6. ¿A dónde van las cosas que dejamos ir? Que bueno leer al menos las historias de una de ellas. Este reloj tiene mucha cuerda por delante.
    Beso.

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  7. Muy bueno chicos. Y gracias por leer "La vida ahora es esto"

    Abrazos!!!
    Á.

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  8. El joven que le dió los planos...jamás hizo historia ojalá que la Sudamerica rezagada no sea siempre engañada.

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  9. ay ese final, como me gusta! Es digno de una despedida, de algun amor contrariado, y en boca de mujer, quedaria genial: 'Preferi no saber nada mas de el, la vida tenia otros rumbos para mi y yo cuerda para varias vueltas mas'..pero volvamos al reloj y sus aventuras, me inquietó la parte que dice que marcaba la hora exacta, me deja pensando, temiendo quizas, que no podamos escapar nunca y que todo en nuestra vida este cronometrado y que siempre, sea para cada suceso, la hora exacta. Un abrazo amigos, espero el siguiente.

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  10. Muy buena historia. Muy bien contada.
    Abrazos a los dos.

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  11. Lo que hace el dinero. Pobre reloj, se sintió abandonado. Muy buena cada una de las historias.

    mariarosa

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  12. Buen caballero es Don Dinero. Ya va a volver el Sr.Locke, con la cola entra las patas. O morirá. Sin embargo el reloj, eficaz narrador seguirá estando. Borgiano el asunto. Y muy divertido. Sigan, que esto está bueno.

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  13. Esrtoy leyendo sin respirar, una a una éstas maravillosas narraciones!! Nana.

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de tal modo que permanezcan vivas, eternas en la roca testimonio de tu luz

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Rodolfo Piay
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