"Cuando voy a dormir cierro los ojos y sueño con el color de un país florecido para mí." Canción del jardinero, María Elena Walsh
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martes, 27 de septiembre de 2011

Cuarto con ventana al mar... - ¡Click!

-Damas y caballeros, yo no he de ser quien cuente mi historia, sino ella misma quien me la revele.
No, a ver, en otro tono.
-Damas y caballeros, yo no he de ser quien cuente mi historia, sino…

Este que todos los días repasa su presentación frente al espejo se llama Severo Wein y hay demasiadas cosas que no recuerda de su vida, por ejemplo: quién fue en realidad, pero tampoco le importa. Lo que verdaderamente lo ocupa por el momento son tres razones fundamentales:
No hay más excursiones diurnas.
No consigue salir fotografiado ni filmado por las noches.
Quiere, a toda costa, convertirse en famoso.

Supongamos que por este afán de celebridad haya sido un actor que pasó sin gloria por cuanto escenario fue capaz de aceptarlo. No es una mala hipótesis, sobre todo, para basar de alguna forma los sucesos que contaremos.
Y es que Wein habita en el hotel Viena, el de Córdoba, el que arrastra -entre otros detalles- reputación de haber albergado al mismísimo Hittler pero que ahora, en ruinas, es parte del salitre paisaje de la laguna Mar Chiquita.
Y es que el Viena, además, es conocido por su fantasma.
Y este fantasma, es -quién otro, sino- Severo Wein. Cómo llegó hasta el Viena ni Severo lo sabe. El caso es que está aquí, más deprimido que nunca desde que ni siquiera los cazadores de fantasmas norteamericanos, con semejante sofisticación de equipos, pudieron filmarlo. Ni hablar de los pobres turistas que vienen con sus cámaras fotográficas. Está desesperanzado, si al menos las excursiones diurnas hubieran continuado quizá… Pero debió, después de miles de intentos, aceptar el mito: los fantasmas no se ven de día, además, a quién le interesa un hotel arruinado por la inundación de esa laguna salada, ¡lo que el público desea es ver al fantasma!, escuchar ruidos de cadenas, de pisadas, de puertas entreabriéndose, voces, y como apoteosis: el fantasma. En fin, morbo.
¡Severo se “desvive” por brindar este servicio a los excursionistas! ¿Y? Ni una mísera foto donde aparezca al menos como bruma. Así jamás será famoso. En realidad lo es, el público va para verlo, pero es famoso “de boca en boca”, necesita pruebas que acrediten que es “real” y no hay documento fílmico que lo acredite. Severo juzga a veces que eso es parte de la mala suerte que arrastró durante su vida (si es que tuvo mala suerte, porque esto tampoco lo recuerda). En otros momentos cree que algo debe hacer mal, pero no tiene a quién consultarle para sacarse las dudas; escribió a algún que otro espectro, las respuestas nunca llegaron.
Claro que hay un momento de éxtasis y es cuando aparece. El público grita, se desespera, Wein escucha los clicks de las cámaras y suspira ilusionado, en cada habitación viste ropa distinta, es coqueto. Tanto tiempo solitario le ha permitido escribir su propia obra, con monólogo incluido; la tituló “Descubriendo a Severo Wein”. Tardó algo así como una década para armar los detalles teatrales. Suele mentirle a los que ingresan a visitar el Viena que “Descubriendo a…” fue realizada especialmente para él. La pequeña puesta cuenta de tres actos: inicia con un Wein sentado sosteniendo una foto de mujer a la que le habla con mezcla de amor y complejo de Edipo. Luego viene el monólogo del espejo, diálogo interior donde manifiesta toda su angustia. El final es un breve acto de pseudo-travestismo, Wein queda desnudo, algo muy difícil para un fantasma. Todo para nada. ¡¿Por qué?! ¿Por qué a él? Es un fantasma legal, nada de trucos, está bien muerto, eso lo sabe. Tanto esmero lo cansa. Acarrear las cadenas y correr de un pabellón a otro abriendo y cerrando puertas no es trabajo para cualquier ánima. Para colmo, lo agita y eso hace que su voz salga entrecortada.

Para popularizar su existencia ha pensado organizar un pequeño incendio en lo que fue la recepción del hotel, quizá un poco de fuego lo ayude a salir en las filmaciones. Hasta ahora no avanzó demasiado. En noches sin visitas nocturnas, cuando lo aterra estar tan solo en ese lugar tenebroso, Severo repasa el libro de recortes de diarios, se horroriza de ver al del fantasma de la Biblioteca Nacional -de Arturo, como lo llama con desdeño- o al espectro que recorre los subsuelos del Teatro Colón. Se indigna hasta el paroxismo cuando lee sobre Alfred, el fantasma del Big Ben. Ninguno de ellos se esfuerza como él para ser famoso, pero lo son. Severo se deprime y así duerme, arropado hasta la cabeza.
Hoy es noche de visitas; aun revisando su parlamento piensa que quizá sea mejor quedarse durmiendo, pero se apresta una vez más:

-Damas y caballeros, yo no he de ser quien cuente mi historia, sino ella misma quien me la revele.
No, a ver, en otro tono.
-Damas y caballeros, yo no he de ser quien cuente mi historia, sino…®

Jeve y Ruma

13 comentarios:

  1. Pobre Severo!

    Me dio pena, el fantasma ignorado!

    Buen relato, divertido.

    Un abrazo.

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  2. Un relato que me hizo sonreír... abre y cierra perfecto.
    Un cariño.
    HD

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  3. El señor Wein ha olvidado -o por rebeldía lo ignora- el decálogo del buen fantasma que pone mucho énfasis en el ¡Buh! y el ¡Aaay!
    En fin, Jessica y Marcelo, que lo he disfrutado.
    Un abrazo.

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  4. desgracia de ánima criolla... la pucha... !!! buen relato amigos. un abrazo fantasmal!!

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  5. Ya no se puede ser ni fantasma. ¿Dónde quedaron las cadenas y los corredores arrumbados? Creo que severo tienen que cambiar de ambiente, de escenario. Aunque no sé, quién se creería a un fantasma en un shopping cerrado?

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  6. Hasta del otro lado reina la fama y la ultraexposición, jaja.
    Me encantó la historia, hace poco vi un documental sobre el hotel.

    Un gran abrazo J y M

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  7. Pobre, che. Que ¿vida? dura la de un fantasma.

    Muy bueno!

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  8. Algo de eso ya me lo temía
    de que los "fantasmas"
    viven desesperados por
    alcanzar la fama.

    Muy buena entrada.

    Besos

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  9. Jeve, Ruma: que buen cuento. Me gustó es de fantasmas, pero con un fantasma original.

    Les cuento que en los pueblos donde vivieron los alemanes de la post guerra, se sigue buscando el oro del gran Reich. Se supone que en las viejas casonas que aun existen, está enterrado, les cuento esto para ver si ustedes hablan con Severo y les cuenta donde está. Si lo encuentran, acuerdense de mí.

    Un beso.

    mariarosa

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  10. Pobres los Severos. Ya el maestro Cortázar había relatado las caóticas fases de un tocayo de Wein.
    No se salvan ni muertos.

    Muy lindo cuento.

    Abrazo y beso.

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  11. La ignorancia angustia hasta a los fantasmas! Gran verdad que somos gracias al reflejo del otro. Saludos.

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  12. hermosas fotos y muy original la pag me alegra haberla encontrado y felecito a los creadores

    elida

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  13. un cariño fantasmal para eeste scrito tan interesante, donde se describe las distintas personalidades de uno mismo

    elida

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Cuarto de Regalos

Para Jeve y Ruma

Para ti, que escribres...

Broten las palabras de tu espíritu al papel

y dejen huella

de tal modo que permanezcan vivas, eternas en la roca testimonio de tu luz

y fuego en la luz de las estrellas.

Rodolfo Piay
http://visionesdeojosabiertos.blogspot.com/
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