"Cuando voy a dormir cierro los ojos y sueño con el color de un país florecido para mí." Canción del jardinero, María Elena Walsh
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martes, 8 de noviembre de 2011

Cuarto con ventana al mar... -Neblina

-Quiero quedarme un ratito sola con papi.
Claudia miró al doctor Freyre.
-No hay peligro, señora.
Viéndolo así, laxo sobre la cama, casi dormido, no podía presentar una amenaza.
-Un minuto.
-Sí, mamá. 

La documental sobre dinosaurios era soporífera, buena opción para alcanzar el descanso que no llegaba siquiera con pastillas. En el momento de apagar el televisor, su pupila derecha, al límite del campo visual, divisó algo. Daniel giró para ver de lleno. Como una nube, humo, neblina. Pequeño, flotando. Se restregó los ojos, la neblina continuaba.
-¡Claudia, mirá, despertate, mirá!
Su esposa trató de fijar la vista en el punto señalado.
-¿Qué hay?
-¿No la ves? ¡Neblina!
-Por favor, Daniel, tratá de dormir –y volvió a la posición de antes, encogida hacia el lado contrario.
-¡Mirá, está ahí!
-No hay nada, estás pasado de sueño o andás mal de la vista. Mañana te saco turno con el oftalmólogo.
-¡Te digo que hay una neblina acá!
Su voz fuerte, casi violenta, despertó a Sofía. 

La neblina comenzó a aparecer con asiduidad. Él estaba seguro de que todos podían verla y por alguna razón no lo admitían, esto lo descontrolaba. A Claudia le preocupaba el cambio de Daniel, parecía extraviarse sin  motivo. Los estudios solicitados dieron dentro de parámetros normales.

Le gustaba charlar con los vecinos de toda la vida. Criado allí, lo conocían desde el nacimiento –Sabían, aunque ocultaran, que su tío tenía esquizofrenia y terminó suicidándose-. Daniel no volvió  a hacer los mandados, algo que acostumbraba a realizar con gusto. Claudia, a través de la ventana, lo había visto caminar por la vereda, dando manotazos al aire y arrojando las manzanas recién compradas. Varios vecinos fueron testigos. También comenzó a llevarlo hasta el trabajo después de la tarde en que un compañero lo trajo a la casa.
-Tuvo una especie de desmayo…
Estas incomprensibles actitudes terminaron alejándolo de casi todo su entorno.
Cuando llegó el telegrama de despido, ella no se sorprendió aunque nada le hubiera anticipado Daniel. Al verlo llegar, se le acercó con dulzura. Lo abrazó.
- Esa maldita nube está todo el tiempo asechándome. No me deja en paz ni un minuto. Vuelve a aparecer una y cien veces.
-¿Qué hace? Las preguntas tenían cada vez menos sentido. Quizá así comprendiera qué le pasaba a Daniel.
-Por ahora nada, ¡pero es dañina!
Detrás de ellos la pequeña Sofía miraba en silencio, con el rostro serio, una muñeca colgando de la mano derecha.

-Y lo peor de todo es que Sofi, pobrecita, siempre está cuando le agarran estos ataques, ya no sé qué hacer. Ella no dice nada, ni siquiera habla conmigo, se está acostumbrando a ver así al padre; tengo miedo, mamá.

El Doctor Krisbaun dijo que era estrés, recomendó sesiones de terapia y otra serie de estudios que no arrojaron nada concreto más allá del diagnóstico primero. Por la secretaria de Daniel, Claudia se enteró de algunos pormenores:
-No sé qué le pasó, estaba como loco, cada día peor. El día que lo llevó Julio hasta tu casa había tirado un vaso con agua a la pared, ¡en medio de la reunión! Hablaba de una nube o algo así… Hugo trató de detenerlo, pero Daniel gritó ¿ustedes tampoco la ven, carajo!? Estaban el Presidente de la filial y el Vice Presidente de la central. Después vinieron más episodios y ya no hubo manera de evitar el despido; él jamás aceptó que, al menos, precisaba ayuda.

Claudia dejó la cama matrimonial para dormir en la habitación de Sofía.

Minutos antes, mientras apagaban las luces, bajo la lámpara del living había aparecido la nube; se acomodaba esperándolo, burlándose. Daniel fue hasta la cocina y volvió con una cuchilla. Sintió la niebla deteniéndole los brazos pero aun así la apuñaló varias veces rodando por el piso en una lucha a la que asistió su mujer con mirada absorta y Sofía, espiando desde el cuarto. 

Acarició la mejilla de su papá.
-Te voy a hacer un dibujito. 

Nada mejoraba en la casa, Daniel, cada vez más exaltado, en permanente guardia por si veía a la neblina –a veces era una nube, nunca podía definirla con claridad-; los frascos con pastillas se acumulaban en la mesa de luz; citas con cuanto profesional encontraran o les sugirieran; “el loco del barrio”; Sofi, qué le pasa a tu papá; la neblina está ahí, mirala, ¿la ves la ves la ves? Es dañina.
La medicación recetada por el último siquiatra que lo atendió pareció dar resultado. Durante un mes Daniel retomó su ritmo de vida normal, comenzó a buscar trabajo y volvió a ser cariñoso. Hasta la madrugada de aquel sábado. Había comenzado a llover, se levantó para bajar las persianas del living.  Los gritos despertaron a Claudia.
-¡La nube! ¡Con la nena no, con la nena no!
Enajenado como nunca, había irrumpido en la habitación de Sofía y se abalanzó sobre el cuerpo su hija, casi asfixiándola.

No hubo mucho que pensar, la decisión, avalada por el resto de la familia, tomó vida propia. 

Daniel, hasta ese momento sin haber mostrado señales de coherencia, al mirar el dibujo pareció recuperar su lucidez. El sollozo de Sofía lo impactó.
-¿Qué te pasa, amor? Es lindo tu dibujito, me encanta, muchas gracias, lo pondré… ¿Qué pasa, Sofi? –insistió.
-Tengo que contarte un secreto.
Acercándose al oído del padre, susurró:
-yo también la veo, y, además, la escucho.
Daniel puso una mano sobre los labios de Sofía, apenas, con delicadeza. La otra mano señaló el lugar. La nena recorrió con los ojos el trayecto de los dedos y su mirada se reencontró con la del padre. Detrás de la mano que la amparaba, sonrió.®


Jeve y Ruma





14 comentarios:

  1. Me recordò "Alguien volò sobre el nido del cuco", y la neblina del Jefe Bramdom.

    Buen relato, y mejor final.

    Un abrazo.

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  2. Impresionante por lo real. Muy bien narrado. No estaba tan loco...

    mariarosa

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  3. es interesante el relato... porque desde luego, ofrece varias lecturas... una, de algún modo se alinea con ese lugar de la ciencia que dice la esquizofrenia es hereditaria... salud amigos un gusto visitarlos...

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  4. Un cuento muy emocionante, quizás el verbo acompañar sea mirar el mismo sitio en un mismo momento,,,
    En este caso los personajes lo hacen condenados por la genética, pero no deja de ser un acto de profundo amor ese silencio compartido, dentro de la nube que poco a poco se llevaba todo.

    Excelente narración, un abrazo.

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  5. Notable relato, tiene ese misterio inteligente
    saludos

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  6. No estamos solos, nunca estamos solos ni somos los únicos, en fin, será la forma de ver las neblinas...Saludos.

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  7. Buen relato, les quedó bárbaro, fluido y atrapante, la verdad. Me gustan los fragmentos en cursiva que inician y cierran la historia, queda redondita.

    Yo escribí hace tiempo uno de un tipo al que lo perseguía una niebla, pero en el caso mío simbolizaba la culpa.

    Un beso a ambos

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  8. muy bien narrado....atrapante.....yo tbn tengo el privilegio de ver esa nube...

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  9. Excelente! Un secreto compartido bien guardado

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  10. Me gustó mucho. Me ha parecido excelente el cierre. Hacen un muy buen trabajo los dos.
    Un abrazo fuerte.

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  11. Hace rato que no andaba por aquí. ¡Que placer volver! Muy lindo relato. Luego, no sé con que quedarme: la literatura o las fotos. ¡Qué fotos!
    Un abrazo.

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  12. Que loco!
    Leo el cuento de ustedes y veo de nuevo "Una mente brillante". No puedo menos que recordar el final. El personaje resignado con sus compañeros de vida y el secreto de seguir viéndolos, en este caso, sin querer compartirlo con nadie.
    De nuevo excelente, chicos.

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  13. Un cuento para pensar si de verdad estamos solos! gustosa de pasar por estas letras, beso de claudia

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  14. Tal vez la nube la vemos muchos, pero no lo admitimos.Genial el cuento, gracias mil a ambos.
    shosha

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Para Jeve y Ruma

Para ti, que escribres...

Broten las palabras de tu espíritu al papel

y dejen huella

de tal modo que permanezcan vivas, eternas en la roca testimonio de tu luz

y fuego en la luz de las estrellas.

Rodolfo Piay
http://visionesdeojosabiertos.blogspot.com/
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