"Cuando voy a dormir cierro los ojos y sueño con el color de un país florecido para mí." Canción del jardinero, María Elena Walsh
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lunes, 31 de agosto de 2009

Cuarto con ventana al mar... - En sepia -



El andén los recibe sacudiendo el polvo con una brisa ligera, será que Samuel y Jacobo le ofrecen la seguridad de sentirse todavía útil. Rivales amorosos, se sientan en el mismo banco bajo la sombra del tinglado, carcomido como los recuerdos. En silencio dejan la vista suspendida sobre los pastos que se mecen aburridos entre los durmientes.
Aguardan a que llegue aquello que no volverá. Es un acto de fe, de la más pura, porque ni Jacobo ni Samuel están locos, sólo desean el regreso de la que partió allá por el ´46 en el servicio de la tarde, cuando los trenes llenaban de prosperidad, colores y costumbres varias a ese pueblo ahora insignificante.
Por momentos la imaginación –quizá sea la edad- juega con ellos y escuchan un silbato o la bocina. Entonces se ven jóvenes trabajadores ferroviarios; los andenes bulliciosos de idiomas distintos; la elegancia en el gesto del guarda al dar la orden de seguir; el olor del aceite y Rebeca, hermosa y joven como ellos, con ese acento escapado de los ghettos de Varsovia que los tres conocían tan bien, la risa franca absorbiendo las miradas, los puños de la camisa siempre cerrados, escondiendo el horror hecho números sobre la piel y sus manos alegres irradiando pasiones en la boletería.
A veces es Jacobo el que pregunta, otras, Samuel.
- Cuánto hace que se fue?
Su partida aparece difusa, el sol maquillando el atardecer, un saludo ingenuo que se convirtió en hasta siempre. No hablan de por qué se fue. No hablan del secreto a voces, las miradas reprochadoras de todo el pueblo, el juicio sin razón a estos tres amantes que no coincidían con la época y las costumbres. No quieren pensar tampoco, que Rebeca se fue por algo más profundo que el bochorno.
A veces es Jacobo el que contesta, otras, Samuel.
- Cuando el último tren.
Ninguno recuerda la fecha exacta, pero sí que todo fue durmiéndose, el pueblo, el progreso; la muchedumbre cotidiana, colorida; los distintos idiomas se tornaron un solo murmullo. Ha pasado tanto viento sobre esas vías, tanto sol. El tiempo les cuarteó algo más que la piel, sin embargo, cada tarde están ahí. No piensan si algún día volverá. Esperan.
A veces es Jacobo, otras, Samuel, quien ve avanzar con andar perezoso la formación de un tren color sepia. El humo espeso y silencioso que exuda la máquina apenas deja ver siluetas agitando pañuelos. En el último vagón, elegante como el día de su partida, viene Rebeca. Asomada, los busca, saluda con sus manos alegres, está feliz.
Ninguno acepta que ella se fue esa tarde en búsqueda ansiosa de distinto porvenir, que regresó a su país natal, se casó con un buen hombre –otro-, los recordó siempre como una aventura de juventud y murió hace ya mucho.


No importa de quién sea, la frase se escapa sin querer decirla.
- Parece que el tren no vendrá hoy…
- Mañana, mañana será, estoy seguro, no te preocupes.


Y se van, acompañados por la brisa ligera, dejando es estación habitada sólo por matorrales y marchitas promesas de amor en los durmientes. La imagen de Rebeca escapa de la boletería y los sigue, desvaneciéndose en el andén. ®

Jeve y Ruma

8 comentarios:

  1. una historia que puede ser nuestra, vecina, de cualquiera de nuestros pueblos que duermen junto a las vias... bien... un saludo, h

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  2. ¡Que linda historia!

    cuantos amores quedaron esperando en las estaciones de la vida. Muy bella historia, me gustó.

    Mariarosa

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  3. Hola amigos, y así los llamo porque así lo siente mi alma.
    Así mi alma quedo impregnada de las nostalgia de los pèrsonajes, que han descripto con maestría. Les confieso?, estuve sentada en un banco de esa estación, espiando la nostalgia de Jacobo y samuel y la brisa suave me trajo el aroma de Rebeca.
    Excente, como siempre un gran placer pasear por este rincón, que he hecho mio.

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  4. Una historia con la dureza de la realidad que nos golpea.
    Maldito el que senteció "Ramal que para, Ramal que cierra"

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  5. Que imágen esos hombres esperando. Que bien narrado, me sentí parte de la historia.

    Alejandro

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  6. Se nos fué el tren... Bello relato. Lástima lo del tren ¿no?

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  7. Un texto que respira añoranza, melancolía de un pasado, con imágenes luminosas..Dos hombres, un mismo destino: ver como su próspero mundo se ha ido desmigando, y que aún mantienen ese amor, esa fe, que con su antigua profesión al fin y al cabo todavía los une.

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  8. Como Penélope y su bolso de piel marrón, esperando lo que no vendrá.
    ¿Cuántos andenes mantienen su fama a costa de recuerdos inmersos en nubes de vapor o multitudes caminando?
    ¿Cuántos andenes tenemos en nuestro haber?
    ¿Cuántos más nos llevaremos en el corazón?

    Saludos

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Cuarto de Regalos

Para Jeve y Ruma

Para ti, que escribres...

Broten las palabras de tu espíritu al papel

y dejen huella

de tal modo que permanezcan vivas, eternas en la roca testimonio de tu luz

y fuego en la luz de las estrellas.

Rodolfo Piay
http://visionesdeojosabiertos.blogspot.com/
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