"Cuando voy a dormir cierro los ojos y sueño con el color de un país florecido para mí." Canción del jardinero, María Elena Walsh
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lunes, 26 de julio de 2010

Cuarto de Prosa -La señal


No era la humedad que a veces –“el sollozo del los ángeles” decía su abuela- tardaba mucho en dispersarse y le daba la sensación de una mañana nublada, de esas en las que el sol parece una mancha pequeña queriendo latir. No fueron las nubes (estaba nublado). Julián, debajo de la parra, sentado en su silla de paja, miró los árboles. Ni una hoja se movía.
 -¡Agüela! –Gritó- Sacá la ropa de la soga, va a llover.

Pensándolo bien, quizá fuera que el viento estaba remolón nomás y no quería soplar fuerte, ni siquiera un para jugar un poco. Pero los pájaros volando bajo lo sacaron de dudas: era la señal.

-¡Agüela! ¡La ropa, que se viene la lluvia!

Podría haberla recogido, pero estaba muy cómodo en su silla de paja. Como el día que vio a lo lejos la polvareda. Esa vez tampoco se movían las hojas. ¿Don Estanislao? ¿Por qué venía el patrón hasta el puesto? Y a esa hora.
Un rato después la casa se convirtió en llantos. Toda la casa llovía. Toda la estancia, todo el lugar.
-¿Y papá?
-Se fue al cielo –dijo la abuela.
Tardó un tiempo en comprender que del cielo no se regresa. El mismo tiempo en que esperó de pie al lado de la tranquera, como un soldado, mientras la panza de su mamá crecía.

-¡Agüela, apurate, la ropa!

Los pájaros volaron bajo la tarde en que su mamá y el hermanito recién nacido también se fueron al cielo. De nada servía esperar en la tranquera. El cielo era bien grande, de allí lo miraban, él les sonreía levantado la carita y así se le secaban las lágrimas, con el sol y el viento. Ya no lloraba, eso pasó a los seis, ahora tenía ocho. Y debía cuidar a la abuela.

Sacó del bolsillo el cortaplumas y peló una naranja. Sonrió recordando que en invierno la abuela presionaba las cáscaras sobre las llamas del brasero y salían chispas de colores.

Olor a pasto mojado.

-¡Agüela!

Comenzó a temblar, tal vez hiciera frío. Ahora el viento se veía, porque traía con él los chaparrales y giraban en el aire algunas hojas desprendidas. Venía del sur, desde donde llegó don Estanislao. No, no hacía frío.

Sintió los brazos entumecidos, las piernas aferradas a la tierra como si fueran troncos. Con esfuerzo se puso de pie, y con más esfuerzo todavía caminó por el sendero que llegaba hasta la casa.

  -Agüela… –Susurró. Le temblaba hasta la voz.

No quiso abrir la puerta, se quedó allí, llorando en silencio, igual que cuando estuvo como un soldado al lado de la tranquera. Su abuela no le contestaría, lo sabía muy bien, otra vez había visto la señal. ®



Jeve

 

13 comentarios:

  1. es un gran texto... me parece fantastica la forma en que esta narrado... como fluye...
    salud y buena suerte.

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  2. ¡¡Gran texto!!

    Jeve es un relato que llega al corazón y lo aprieta hasta hacernos llorar. Felicitaciones.

    mariarosa

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  3. Conmovedor. Cuanto cuesta entender la muerte a los ocho, tal vez la aceptemos con la resignación que surge de los grandez abandonos.

    Que bueno pasar por esta casa.

    Abrazos

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  4. Extraordinario. Me ha encantado tanto la trama como el desarrollo de la misma que nos lleva a ese final conmovedor. Muy bien trazada su intensidad y el emotivo cuadro que podemos ver perfectamente a través de tus breves líneas. Perfecto.
    Mi enhorabuena.
    Un saludo.

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  5. gran relato, Jeve... estremece... porque el tema es para ello, pero también y sobre todo porque está muy bien escrito... sobrio... con la emoción del niño. profundo. un saludo.

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  6. Jeve, muy enternecedor tu relato, conmueve y desgarra. Uno no puede evitar preguntarse al final... y què serà ahora de este niño? Dan ganas de ir hasta allì y abrazarlo, para rescatarlo del dolor y la soledad.
    Un beso y felicitaciones
    Graciela

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  7. Dos cosas me han gustado de este texto: una, la historia en sí y la manera en que la desgranas; la otra, los detalles que suelen hacer la diferencia. Para ejemplo basta un botón: como debe ser para mostrar la tristeza nos regalas una imagen fantástica: "Un rato después la casa se convirtió en llantos. Toda la casa llovía. Toda la estancia, todo el lugar."

    Saludos.

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  8. Holis Palabras , exelente narraciòn , muy buen texto .bue como nos tenes acostumbrados , uno sabe que pasa por aquì y se va a quedar un rato.
    Saludito
    Cris//mujeresdesincuentay

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  9. Jeve, gracias por estar siempre.

    Buen fin de semana.
    mariarosa

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  10. Me encantó, agujita, está buenísimo, desde el lengüaje, que tal cual, suena así, con diéresis y g en muchas personas cuando dicen "abuela", hasta ese miedo incompresible, esa cosa que lo hace temer al llamar a la abuela, quizás por que sólo hubiera una razón para que esa abuela solícita no asistiera en seguida al llamado.
    Saludos, te agrego a la lista de blogs asi paso por acá más seguido.

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  11. Jeve, con tu místico relato has logrado llevarme "de güelta pa' los pagos". Volví a respirar los altos eucaliptos a la entrada a mi quinta, en Moreno, a ver las chispas saltando de los troncos recién hachados. Yo era apenas un niño y por suerte no sabía de señales. Me hubiese asustado mucho.
    Muy buena la ambientación y la historia.
    Besotes, amiga.

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  12. Que buena narración! Me gustó mucho. Es complicada la forma en que se aprenden ciertas cosas cuando se es chico.
    Besos.

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  13. como me suele pasar, ya te leí esto en otro lado. Hoy no me interesan las frases o las escenas, las imágenes o el desarrollo del texto.
    Hoy la leí por llerla y se me anudo la garganta.
    No pude dejar de pensar en una carita llorando, pensando en quedarse solo (que no es lo mismo que en la soledad)

    ¿Cómo es que segundas partes nunca son mejores?

    Saludos

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Despensa

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Cuarto de Regalos

Para Jeve y Ruma

Para ti, que escribres...

Broten las palabras de tu espíritu al papel

y dejen huella

de tal modo que permanezcan vivas, eternas en la roca testimonio de tu luz

y fuego en la luz de las estrellas.

Rodolfo Piay
http://visionesdeojosabiertos.blogspot.com/
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